viernes, 21 de julio de 2017

Descansar es entrenar

Tras el cierre de la primera parte de mi temporada, una primera parte muy exigente con los maratones de Madrid y Lieja, otras carreras como la Wings for life o la media Azkoitia-Azpeitia, y los trails de Apuko, Gernika y el colofón final del 1 de julio del Ultra del Zermatt Marathon, he dado paso a un mes julio de recuperación.
Descansar en una playa del Caribe es un buen entrenamiento para el verano.

Desde el 1 de enero hasta el 1 de julio me han salido estos datos de carrera a pie:

Datos totales:
- 111 días corriendo
- 1383 km
- Casi 138 horas
- 28.400 metros de desnivel

Asfalto:
- 98 días de carrera de asfalto
- 1156 km de asfalto
- Casi de 107 horas de asfalto
- 16.200 metros de desnivel acumulado en asfalto

Trail
- 11 días de carrera por monte
- 221 km por monte
- 30,5 horas por monte
- 12.200 metros de desnivel por monte  

Resumen por meses (sin contar el ultra de Zermatt del 1 de julio):

- Enero: 253 km
- Febrero: 226 km
- Marzo: 264 km (con un maratón)
- Abril: 222 km
- Mayo: 228 km
- Junio: 144 km (con un maratón)

Con estos datos es normal que haya llegado a julio bastante cansado. Además de por la acumulación de esfuerzos también me influye la artritis que sufro (una espondiloartropatía soriásica) que además de causarme dolor y rigidez en varias articulaciones (sobre todo a la altura de hombros y cuello que es lo que me ha alejado del ciclismo estos últimos años), de vez en cuando me origina también una sensación de fatiga. Por eso a veces paso de ser capaz de correr dos maratones en un mes, a sentirme tan cansado que me cuesta correr 15 minutos.
Así que este julio, después de la carrera de Suiza, estoy en un periodo de descanso. Hasta el 13 de julio, día en el que subí el Col de Balés en bici en mi habitual viaje a Pirineos a ver el Tour de Francia, casi hice un descanso total (solo hice una hora de bici suave). Luego he corrido tres días muy suave con un máximo de 40 minutos, todo el rato trotando a un ritmo de pulsaciones por debajo de mi umbral.
Y eso es lo que voy a hacer hasta mediados de agosto. Como mucho correré algunos días a ritmo tranquilo y haré alguna salida en bici suave. Además, en agosto estaré casi 20 días de viaje por los EE.UU. donde correré algunos días pero solo con intención de mantener algo la forma.
Como para el último cuatrimestre del año tengo algunas carreras importantes (trail Gorbea Suzien en octubre, Maratón de Valencia en noviembre y Maratón de Lanzarote en diciembre), mi intención es empezar a entrenar más en serio desde la vuelta del viaje a EE.UU., o sea, desde la última semana de agosto. Tampoco voy a entrenar a ritmos muy exigentes, ya que mi intención en esas carreras es solo terminarlas bien. No iré con objetivo de hacer ninguna marca.

Bien. Así que, como veis, este verano le voy a dar mucha más importancia al descanso que al entrenamiento. El cuerpo (y el sentido común) me lo pide, y como suelo decir siempre "todo no suma, hay entrenos que restan". Descansar es una de las partes más importantes del entrenamiento, ya que sin descanso no damos tiempo al cuerpo a asimilar el trabajo y no tendremos mejora. Si estamos cansados lo normal es descansar. Si seguimos entrenando con malas sensaciones al final nos vamos a encontrar con una fatiga importante. Y para salir de una fatiga crónica necesitaremos mucho tiempo de recuperación, y para cualquiera que le guste hacer deporte estar mucho tiempo parado es siempre una mala noticia.

Por cierto. Ya estoy también empezando a preparar mis objetivos deportivos para 2018. Por ahora parece claro que correré el Maratón de Barcelona en marzo, ya que es la 40ª edición, y tras haber corrido las ediciones número 40 de los maratones de Washington'15, París'16, Madrid'17, pues me hace ilusión hacer lo mismo en Barcelona'18. Será mi tercera participación en este maratón. Y también tengo en mente volver a disfrutar del inmejorable ambiente del Maratón de Nueva York. Lo corrí en 2013, así que es una bonita idea repetirlo cinco años después. Habrá que ir ahorrando.
Ver esta foto en Central Park en el NYC Marathon'13 es una motivación extraordinaria para volver a entrenar.

miércoles, 5 de julio de 2017

Zermatt Ultramarathon: una carrera, un viaje, una aventura

Se acabó la primera parte de la temporada. Desde enero he cumplido todos los objetivos que me había marcado, incluso uno más que surgió sobre la marcha (el Beer Lovers’ Marathon). La idea era enfocar este primer semestre para llegar lo mejor posible al ultra del Zermatt Marathon.
La meta del Maratón. Una meta preciosa (cuando se ve el Cervino).

Para ello me preparé un plan de entrenamientos y de carreras preparatorias en el que el objetivo era acumular bastantes horas de entrenamientos, tanto en asfalto como en monte. Además, como carreras intermedias incluí (entre otras) la carrera de montaña Apuko Mendi Lasterketa (23 km) en febrero, en abril el Maratón de Madrid, la Azkoitia Azpeitia y la Wings for life de Valencia. Sobre la marcha incluí también otra carrera de montaña, la de Gernika de la Urdaibai Kopa (18 km), y otro maratón, el Beer Lovers’ Marathon en Lieja (Bélgica) un mes antes de ir a Zermatt.
Todo iba según lo previsto hasta tres semanas antes de la gran cita de Zermatt. Tal vez no descansé lo suficiente tras el Maratón de Lieja, pero el caso es que a falta de tres semanas para la carrera suiza empecé a tener bastantes problemas tanto físicos como anímicos. Por un lado caminando por el Gorbea me hice un pequeño esguince en el tobillo (que por suerte se curó con unos días de descanso). Además, pillé un constipado bastante fuerte que me dejó unos diez días con flemas y catarro. También coincidió con días de mucho calor y con una serie de problemas personales por lo que las dos semanas previas a ir a Zermatt no he dormido bien ningún día, despertándome a media noche y levantándome por las mañanas sin haber descansado.
Así que fui a Suiza con muchísimas dudas de si el cuerpo me iba a aguantar en una carrera larga y exigente después de tantos días malos.

Jueves: un viaje complicado
Si no conocéis Zermatt hay tres cosas que debéis saber: a) es un pueblo precioso, casi de postal; b) es un pueblo muy caro dentro de un país caro; y c) está en el quinto pino.
Llegar a Zermatt no es fácil. Desde Bilbao tuve que coger dos aviones para llegar a Ginebra vía Barcelona. Además, el vuelo de Barcelona a Ginebra salió con más de media hora de retraso por tormentas en Francia. Al llegar al aeropuerto de Ginebra me tardaron más de lo que pensaba en entregarme el coche que tenía alquilado. El viaje de Ginebra a Tasch (último pueblo al que puedes acceder en coche antes de Zermatt) en teoría era de algo más de dos horas y media, pero por mor de la lluvia que caía, de un atasco monumental en la autopista por obras (45 minutos de retraso) y de un accidente en la carretera que ya sube hacia el valle donde está Zermatt (otros 30 minutos de retraso), al final llegué a Tasch hacia las doce de la noche, cuando yo había calculado que iba a llegar sobre las nueve de la noche. Menos mal que había comprado unos sándwiches en una gasolinera en la autopista.
En Tasch tienes que dejar aparcado el coche (pagando) y coger el tren hasta Zermatt. Normalmente hay un tren cada veinte minutos más o menos, pero por la noche solo hay uno cada hora, así que tuve que esperar casi 40 minutos hasta el siguiente tren.
Ya en Zermatt tenía que ir a las oficinas de la empresa en la que había alquilado un apartamento para recoger en un buzón la llave y las indicaciones de cómo llegar al apartamento. De día puede que las indicaciones fueran claras, pero al final tardé un montón de tiempo subiendo y bajando por varias escaleras (en Zermatt todo son cuestas) hasta que por fin encontré el dichoso apartamento.
Total que para cuando entré por la puerta eran ya la una y diez de la madrugada, casi seis horas después de haber arrancado el coche en el aeropuerto. Agotado.

Viernes previo a la carrera
Hubiese deseado dormir más, pero para las seis y media de la mañana ya estaba despierto y seguía cansado. Por fin, bajé a la oficina de los apartamentos para pagar los extras de limpieza y varios (no sé por qué no lo cobran todo junto si son extras obligatorios) y luego me tomé un café y un bollo para desayunar. Luego cogí el tren para bajar a Tasch y con el coche bajé hasta Sankt Niklaus, donde entregaban los dorsales. El Cervino se veía precioso, pero luego se cubrió y no lo volví a ver hasta el domingo por la tarde.
Tras recoger el dorsal y comprar una gorra de la carrera, cogí el coche para regresar a Zermatt. Al desaparcar tuve un pequeño accidente con otro coche, sin consecuencias (pensaba yo).
Comí temprano unos espaguetis y a la una y media fui al entrenamiento de reconocimiento que habían organizado los de la carrera. Subimos en un tren hasta Sunnegga, una de las estaciones de montaña por las que pasa el recorrido, y luego corrimos suave por allí una horita hasta otra estación, Grunsee. Mientras corría recibí una llamada de la policía de Suiza para pedirme unos datos del coche, por lo que tuve que ir lo antes posible a la comisaría de Zermatt por la tontería del golpe. Luego me llamaron también de la empresa de alquiler del coche. Total, que entre que no había dormido bien, la carrerita y los quebraderos de cabeza de los trámites burocráticos por el incidente, no pude descansar lo que pretendía esa tarde y al final cené algo casi sin ganas y me fui pronto a la cama, ya que el sábado tenía que levantarme a las cinco y media.
En ese momento pensé que terminar el ultra era imposible, y casi dudaba de si tomar siquiera la salida el sábado, ya que no tenía el cuerpo para nada. Mis sensaciones eran muy malas y mi ánimo estaba muy bajo.

La carrera
Por la noche por lo menos dormí bien hasta la cinco y media. Desayuné, terminé de prepararme y bajé a la estación para coger el tren que nos bajaba hasta la salida en Sankt Niklaus. Allí dejé la bolsa que nos llevaban a la zona de la meta del maratón, tomé un café y me fui a la salida. Tenía muchas dudas de poder terminar.
A la hora prevista empezaron a dar las sucesivas salidas (corredores elite, maratón, medio maratón, etc.). Nosotros salimos a las 8:38. Como la mañana era fresca y el día estaba cubierto (y además la previsión de temperatura en la zona de meta era de máximas de unos 3ºC) salí con una chaqueta encima de la camiseta y llevé la mochila con ropa para poder abrigarme sobre la marcha (manguitos, guantes, otra camiseta térmica, mallas largas, etc.).
Los primeros 24 km son la parte “fácil” del recorrido, ya que en ese tramo solo subes unos 600 metros de desnivel. Vas alternando pistas con algún tramo de asfalto y algún camino de monte. Hay algunas zonas llanas y otras zonas con pendiente considerable. Como el día era muy largo, en las zonas más duras decidí ir caminando para llevar un nivel de esfuerzo que no me penalizara después.
Al de poco de salir me di cuenta de que no llevaba bien enganchado el sensor del pulso en la banda del pecho. Lo puse bien pero el pulso seguía marcando mal, con pulsaciones altísimas imposible para mí (de más de 170 ppm). Al final, en el km 14 lo solucioné al parar el Garmin y vincularlo con el sensor del pecho, ya que lo que me estaba marcando era el pulso en la muñeca, que ya tengo comprobado que a mí no me funciona. A partir de ahí ya tenía una lectura correcta del pulso, en torno a las 130 ppm (algo por debajo de mi umbral) que sé que lo podía mantener todo el día y no las 170 ppm que me estaba marcando todo el rato.
Poco a poco seguí avanzando hasta llegar a Zermatt, donde dábamos una vuelta tras pasar por el Medio Maratón y donde ya, en el km 24, empezaba lo duro. Antes de afrontar la parte dura me detuve unos minutos en uno de los avituallamientos (abundantes y muy completos) para descansar un poco porque no me sentía con buenas sensaciones desde la salida. Pasé el Medio Maratón en 2:32. Tenía margen para llegar a la meta en el tiempo máximo (8:15 horas), pero no tenía el cuerpo para ello.
El recorrido me recordaba un poco la aventura de Killian Jornet en el Everest. Él hizo una aproximación hasta el campo base avanzado para luego, tras un descanso, afrontar la ascensión hasta la cima. Nosotros teníamos nuestra aproximación desde la salida hasta Zermatt para iniciar allí una subida muy fuerte también. Lo de él un poco más duro, es verdad, je, je.
Por fin me decidí a seguir. Desde el pueblo empezaba una pista de subida desde el km 24 hasta el 30 sin ningún descanso. Allí íbamos todos caminando en silencio, cada uno sumido en sus propias sensaciones y pensamientos. Calculando qué ritmo poner y si sería suficiente para pasar los cortes de tiempo que nos quedaban en algunos puntos intermedios. Íbamos en grupo pero íbamos solos. Aquí nadie te puede ayudar. Miras al suelo, miras para arriba y sigues. No queda otra opción.
Por fin en el km 30 ya venía un kilómetro mucho más suave y podíamos correr algo. En el km 31 llegábamos a la estación de Sunnegga. Desde allí, por la zona que ya conocía del viernes, venía una zona de unos 8 km de subidas y bajadas en las que podías correr hasta llegar a la estación de Riffelalp, que es el km 39 de la carrera.
A partir de ahí el recorrido es bestial. En 6,5 km subes unos 900 metros de desnivel sin apenas descanso. Miras para arriba y ves la zona de la meta del Maratón y parece que está a un paso, pero son tres kilómetros de una pista muy empinada. Ya empezaba a hacer cálculos y veía que, si las fuerzas me seguían aguantando, estaba en tiempo de terminar el Ultra, pero también empezaba a pensar que no sería mala idea el terminar la carrera en la meta del Maratón, en Riffelberg. Visto cómo había llegado hasta allí ya era un logro.
Llegando ya a la zona de Riffelberg alcancé a dos chicas españolas que había visto en la salida. Ellas ya habían renunciado al Ultra y se iban a quedar en Riffelberg. Me animaron para seguir hasta la meta de Ultra en Gornergrat. Yo todavía dudaba.
Al llegar al desvío del km 41,5, podía ir a la izquierda y bajar hasta la meta del Maratón, o podía seguir hacia la derecha y afrontar los últimos casi 4 km con sus 500 metros de desnivel finales. Llevaba unas 6:30 horas y tenía margen para llegar. Unas chicas del avituallamiento me dijeron que como máximo me quedaba una hora. Les hice caso y tiré para arriba. No estaba muy bien pero sabía que si no lo hacía me iba a arrepentir después. No había llegado hasta allí para no terminar lo que había empezado y lo que llevaba esperando tantos meses.
Qué os puedo decir de esta parte final. Los datos lo dicen todo: 3,8 km y 500 metros de subida. Salvo alguna pequeña bajada, todo era una subida muy fuerte, y la parte más empinada justo es el final que te deja en la estación de Gornergrat, a casi 3.100 metros de altitud.
Las chicas tenían razón. Tardé casi una hora exacta en ese último tramo. Mi tiempo oficial en meta fue de 7:27:51 horas, a 9:52 min/km de media con 35 minutos de paradas en total. Por fin podía descansar. Estaba contento y satisfecho de mí mismo. Pese a todas las dudas y todos los problemas lo conseguí. Ya era Finisher del Ultra del Zermatt Marathon. Todos los objetivos de esta primera parte de la temporada completados.
Arriba recibí mi medalla, mi camiseta de finisher y me abrigué bien con la ropa que llevaba en la mochila, ya que nada más llegar a la meta empezaba a nevar un poco. Después de sacar unas fotos y ver un poco el paisaje (lástima del cielo cubierto y no poder ver el Cervino en todo el día), bajé al tren que nos llevaba de vuelta a Zermatt, tras recoger la bolsa en Riffelberg.
Ya en el pueblo me tomé una rica cerveza y subí (más cuestas) al apartamento a ducharme y descansar un poco antes de bajar a cenar. Estaba cansado, pero de piernas estaba muy bien. Apenas algo cargados los gemelos de tanto subir.
El domingo descansé mejor y subí en tren a Gornergrat a sacar fotos y admirar el paisaje. Es impresionante. Luego el lunes aproveché el viaje a Ginebra para pasar por Chamonix a ver el Montblanc.
Y así acaba esta aventurilla del viaje al Zermatt Marathon. Enhorabuena si habéis leído todo hasta aquí.
Ahora me toca descansar bien. Luego, después del verano vendrán los retos de la segunda parte del año: Trail Gorbea Suzien en octubre, Maratón de Valencia en noviembre y el de Lanzarote en diciembre.
Esto no se acaba.

Algunos datos
Tiempo oficial: 7:27:51 horas, a 9:52 min/km.
Tiempo en movimiento: 6:52:19, a 9:06 min/km.
Tiempo del ganador del ultra (hombres): 4:02 (ritmo medio 5:19).
Tiempo de la ganadora del ultra (mujeres): 4:40.
Tiempo del ganador de mi categoría M50: 4:27.
Mi tiempo en el Medio Maratón: 2:32
Tiempo del ganador en el Medio Maratón: 1:27
Mi tiempo desde el km 39 a la meta: 1:54.
Tiempo del ganador desde el km 39 a la meta: 1:04.
Puesto de mi categoría: 71 de 84.
Puesto en la general: 499 de 556 finishers.

No hagáis caso de las pulsaciones hasta el km 14.

Día previo a la carrera. Nevando.


La salida.

¿Llegaré a la meta?

Km 23. Descansando un poco con mala cara. Y me queda lo peor.





Por fin en la meta. Satisfecho y feliz.


El viernes por la mañana hubo unas horas con el Cervino despejado.

Km 40.

Del km 39 al 40.

Km 44.

La rampa del final. Brutal.







Escaleras en el km 44,5.




Zermatt.

El Montblanc desde Chamonix.

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