martes, 21 de noviembre de 2017

Maratón de Valencia 2017

Tras un par de meses preparando este nuevo maratón en Valencia, por fin llegó el tercer fin de semana de noviembre y me cité con la leyenda del maratón por décimo novena vez (por ahora).
Ésta es la foto que mejor resume este maratón: amistad, buen ambiente y paella.

Además, en esta ocasión, como ya ocurriera en Berlín’16, no iba solo, sino que un buen puñado de grandes personas del equipo Beer Runners Bilbao me iban a acompañar. Quiero pensar que el rollo que les meto muchas veces con los maratones ha ido arraigando en los corazones de varios de ellos hasta que les ha hecho animarse a experimentar en su propio cuerpo y mente qué hay de cierto en todo lo que rodea al mito del maratón. Pero sea por lo que sea, el caso es que del equipo nos animamos ¡17 personas! a enfrentarnos a los 42,2 km de Valencia, más algunas más que corrieron en la carrera de 10k. Todo un evento social para los Beer Runners Bilbao (como se está viendo en las redes sociales con decenas de fotos, de comentarios, de “me gustan”, de “kudos”, de “likes”,… En fin, que vamos a saturar los chats a tope, je, je.
Aparte de mí, algunos llegaban a Valencia con algún maratón en sus piernas, pero otros iban con el miedo normal a enfrentarse por primera vez a la distancia. Todos han entrenado duro y se han centrado en completar con éxito la aventura. Y me han dado mucha envidia al ver con qué ilusión han ido pasando las semanas, con sus kilómetros, sus tiradas largas, sus dudas, sus ilusiones, sus anhelos y sus sueños a punto de cumplirse. Y también me han dado mucha envidia al ver la felicidad en los rostros de la mayoría una vez pasado la línea de meta con todos (o casi todos) los objetivos cumplidos, o incluso al apreciar una cierta decepción en los rostros de algunos pocos por no culminar la carrera con el tiempo esperado. Esas sensaciones en un primer maratón (o en un segundo) son mucho más intensas que las que yo pueda tener tras casi veinte maratones completados (aunque me siga alegrando enormemente terminarlos), y las expresiones de sus caras, las casi lágrimas brotando, los abrazos compartidos, los comentarios en el Facebook y todas estas muestras de emociones a flor de piel me han llegado hondo. Yo no soy mucho de expresar sentimientos, pero que sepáis todos que me habéis emocionado, aunque no os lo haya dicho. Estoy terriblemente contento de haber podido veros disfrutar y sufrir.
Bueno, sigo con la crónica antes de que me ponga a llorar.
Todo el fin de semana ha sido mejor de lo que esperaba. Había mucho ambiente de maratón en Valencia, y el buen humor en el grupo ha sido constante. Hemos disfrutado de lo lindo. En la Feria del corredor se respiraba esa atmósfera que rodea a los grandes maratones internacionales. Por cierto, el sábado en la Feria me entrevistaron los de Maratón Radio sobre mi novela “42,2 Muerte en Central Park” (“he venido a hablar de mi libro”, ja, ja, ja).
Valencia tiene un maratón muy importante, de categoría oro, y se nota. Hay mucho corredor extranjero y mucha gente prepara este maratón de manera muy especial, ya que tiene un recorrido llano y de calles anchas que invita a correr rápido y a intentar mejorar marcas.
No era ése mi objetivo. No he llegado preparado para correr fuerte. He venido a correr bien, y lo he logrado. Mi intención era terminar sin mucha fatiga un poco por debajo de las 4 horas, y al final incluso fui más rápido que lo previsto con la sensación todo el maratón de no ir al límite.
La única pena que tengo es de no haber podido ayudar a algunos de mis compañeros a bajar de 4 horas. En especial en el caso de Iñakitxu (qué gran persona), al que le perdí la pista según íbamos al cajón de salida y no le vi hasta que llegó a meta, por lo que no pude ayudarle a ir con el ritmo adecuado. Creo que podía haber corrido cerca de las 4 horas, pero por esas razones que solo el maratón lo sabe, a partir del km 26 dejó de ir bien y se fue más allá de las 4 horas y media teniendo que caminar a tramos. Y me sabe mal por él, porque dentro de su particular personalidad de corredor, ha hecho las cosas más o menos bien en cuanto a los entrenamientos, y aunque ha terminado con éste cuatro maratones, él sigue sin considerarse maratoniano. Que sí, Iñaki, que lo eres.
También siento mucho que Gabi no haya podido bajar de las cuatro horas. Le pasó casi lo mismo que a Iñaki. Y eso que con Gabi fui los primeros 9 o 10 km y estaba corriendo bien, o esa impresión me dio. El resto del equipo más o menos terminó dentro de lo esperado, o no muy lejos del objetivo.
La salida
El único fallo en la organización que vi fue el caos que sufrimos, por lo menos donde estábamos nosotros, para entrar en el cajón gris. Estábamos una buena muchedumbre atascados, sin poder acceder al punto de acceso, y el cajón estaba bastante vacío. Al final la gente empezó a empujar y a levantar la valla y entramos de mala manera.
Ya cuando iban a dar la salida empezamos a caminar hacia la línea de salida y allí me di cuenta de que aún no había activado el Garmin para que me cogiera la señal del GPS. Y cuando mis amigos ya empezaban a correr, me tuve que quedar un minuto largo esperando hasta que por fin detectó la señal. Ya había salido todo el mundo de mi cajón, y estaba llegando a la línea de salida la marabunta del último cajón. Así que empecé a correr en solitario para ir cogiendo poco a poco a los últimos de mi cajón. Pero justo al pasar el arco de salida y pulsar el botón de inicio al Garmin, éste se apagó solo y comenzó a actualizarse. Como ya había pasado el arco, seguí corriendo y no pude empezar a grabar la carrera hasta que no llevaba ya más de 100 metros recorridos. Bueno, tampoco era grave la cosa.
Hice un primer km algo rápido y para el kilómetro 3 ya me había juntado con Gabi, Javi Arteche, Aitor y Vicente. Julen, Jon, Enrique, Bandolero y Juantxu ya iban por delante, pues iban más rápido que nosotros. De los demás no sabía nada porque en el caos de ir a la salida nos habíamos separado.
Seguimos tranquilos los cuatro juntos. En el km 6 o 7 nos pasó Txus, que venía del último cajón remontando. Iba rápido y nos dejó atrás con facilidad. Para antes del km 10 ya íbamos solo Aitor y yo, ya que el resto poco a poco se había ido quedando por detrás. Y enseguida también dejé de verle a Aitor y seguí yo solo del grupito que habíamos empezado juntos.
Ya en solitario mi objetivo era mantener un nivel de esfuerzo más o menos constante el mayor tiempo posible. Desde el km 5 empecé a tomar un gel con sales cada 5 km coincidiendo con cada avituallamiento para poder beber agua. Me fue muy bien esta estrategia en cuanto a alimentación y bebida ya que al terminar no tenía ni hambre.
Fueron pasando los kilómetros sin novedad, sin cambiar de ritmo y sin agobios. Veía que iba bien de pulsaciones, casi todo el rato en torno a las 138/140, y la potencia la mantenía entre 200 y 210 vatios. Todo controlado.
Pasé el Medio Maratón casi en 1:55. Mi plan era haberlo pasado más lento para cansarme lo menos posible teniendo en cuenta que en tres semanas me llega el Maratón de Lanzarote. Pero iba bien, notaba que el ritmo era bueno y no necesitaba ir más lento para no generarme fatiga. Así que mantuve el ritmo.
En el kilómetro 33 alcancé a Javi y a Nadia. No pensaba que les iba a coger, ya que habían salido antes que yo y su plan era tardar sobre las 3:50. Pero Nadia estaba sufriendo con las ampollas en los pies y habían empezado a tener problemas muy pronto. Les pregunté por Diana, que iba con ellos, y me dijeron que estaba algo por delante, que iba bien.
Me despedí de ellos y a partir de ahí empecé a correr más rápido, pero a la vez controlando para no pasarme de vueltas. Pensaba que no tardaría en alcanzar a Diana, pero esta chica es muy fuerte y no fue hasta casi el km 39 cuando la vi. Me junté con ella unos metros. Iba estupendamente y me dijo que siguiera para adelante. Como ya estábamos cerca de meta y vi que podía bajar de 3:50 le hice caso y apreté de nuevo.
Pero no sé si fue por este cambio de ritmo, o por un gesto raro que tuve que hacer para adelantar a un grupo, pero el caso es que me entró un repentino y agudo dolor de flato. Ya estaba cerca de meta y mi intención era correr toda la carrera sin detenerme ni un momento, así que, sufriendo y aguantando el dolor como pude, seguí hacia la meta más o menos acelerando un poco, lo que podía.
No veía el momento de pararme para aliviar el dolor. Hay mucha gente que tiene la suerte de no haber tenido nunca dolor de flato, porque realmente es muy molesto y es muy raro que se alivie sin parar a relajar los músculos del abdomen, pero quienes lo hemos conocido sabemos lo que fastidia.
Ya entré en el último kilómetro, y aunque el dolor había remitido un poco, seguía dando guerra y yo seguía luchando para no parar. Por fin ya empecé a pisar la alfombra azul de la preciosa meta que tiene el Maratón de Valencia y puse mi mejor cara para las fotos.
Por fin crucé la meta y me detuve para solucionar el maldito dolor.
Bueno. No me puedo quejar. No llegaba a este maratón en plena forma y salvo este problema del flato del final, solo tuve algunos pequeños dolores en las piernas, pero nada fuera de lo normal. Mi tiempo en meta fue de 3:49:58. Casi como en Berlín el año pasado, pero esta vez corriendo muy bien y con regularidad todo el rato. De hecho tardé casi lo mismo en el primer medio que en el segundo medio, y el parcial más rápido fue del 35 al 40. A tres semanas de la carrera tuve un bajón importante en mi rendimiento, con una buena fatiga, pero el descanso de estas dos últimas semanas me ha venido muy bien. Lo mismo que hacer solo dos tiradas largas (26 y 30 km) que me han evitado un mayor cansancio y me han permitido llegar más o menos entero al maratón.
En meta estaban esperando Jon, Julen, Bandolero, Enrique y Juantxu. Poco después de llegar yo, entró Diana, y luego Javi, Nadia y Aitor, que también había tenido algunos problemas. Más tarde llegarían Arteche, Gabi, Vicente, Iñaki y Adrián. Algunos con mala cara. Txus había llegado bastante antes con un tiempazo de 3:21 en su primer maratón, y eso pese a tener que pararse por problemas en los abductores.
Una vez ya todos en meta y las fotos de rigor fuimos a dar buena cuenta de una excelente paella a un restaurante de la playa, junto a Amparo, nuestra guía local, Iraide, Amaya e Isa, que habían corrido el 10k.
En resumen, en lo personal muy satisfecho, un fin de semana genial, con buena gente, buenos amigos, una carrera de 10 y un ambiente increíble.
Ahora solo me queda recuperar bien para terminar la temporada en tres semanas con mi 20º maratón en Lanzarote.

Tiempos de paso:
Km
Tiempo
Ritmo
0-5 km
27:16
5:27
5-10 km
27:50
5:34
10-15 km
27:04
5:25
15-20 km
26:28
5:18
Primer medio
1:54:43
5:26
20-25 km
26:54
5:23
25-30 km
28:04
5:36
30-35 km
27:30
5:30
35-40 km
26:34
5:18
40-42,2 km
11:36
5:16
Segundo medio
1:55:15
5:27

Datos de potencia/pulso:
Potencia media/máxima: 210 w / 272 w
Pulsaciones medias/máxima: 142 ppm / 159 ppm
Hasta el km 33:
3:00 horas, pulso medio: 140 ppm, potencia media: 209 w.
Desde el km 33:
50 min, pulso medio: 151; potencia media: 214 w.


Comida precarrera.

A batir el récord.

Típica foto con camiseta y dorsal de la carrera.

Con los de Maratón Radio.

Antes de salir.

Con Nadia y Javi, antes de juntarnos con los demás.

Ya en el cajón, por fin.

Momento en el que Txus (con gafas) nos alcanzó.

Iñakitxu. Siempre sonriente.

Vicentón.

Arteche y Gabi, todavía con buena cara.

Iñakitxu haciendo vida social.

Aitor.

Juantxu con fuerzas.

Saludando a la capi de los Beer Runners Valencia, Mónica (gracias por las fotos).

Julen y Bandolero. Maravilloso.

Enrique.

Jon Speedy, el capi.

Aquí estoy cruzando la meta.


Volando sobre la alfombra azul.

Feliz.

En la meta, con parte del equipo.

Otra medallita más.

Relax en la playa del Saler, antes de coger el avión de regreso.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Un plan para cada persona. Seamos realistas

A menudo escucho a amigos que quieren enfrentarse por primera vez a un maratón decir que han encontrado en Internet o en alguna revista especializada un plan de entrenamiento para bajar de una marca dada en la carrera. Si son corredores más o menos novatos o no muy rápidos, suelen elegir un plan para bajar de 4 horas, o 4:15. Si son algo más rápidos y con más experiencia es muy normal que opten por un plan para hacer sub 3:30, o incluso menos.

Todo esto está muy bien. Tener un plan para saber cuánto y cómo entrenar para una carrera tan exigente como un maratón es un buen comienzo para apuntalar la consecución del objetivo final en la ardua empresa que tenemos por delante.
Pero, quizás mucha gente no es consciente de que no es tan fácil llevar a cabo con éxito un plan de entrenamiento si éste no lo hemos elegido bien según nuestras características personales: edad, capacidad física, estado de salud, disponibilidad de tiempo para entrenar, etc.
La cosa no es casi nunca tan fácil como coger un plan para bajar de un tiempo determinado, seguirlo a rajatabla y terminar el maratón en ese tiempo. Y es que, no por entrenar más vamos a conseguir bajar de un tiempo si éste tiempo supera con creces nuestras condiciones para el deporte y nuestras posibilidades. Aquí la genética manda mucho.
Si la cosa fuera tan sencilla, los atletas que más y mejor entrenan serían siempre los ganadores. Pero todos sabemos que los atletas de elite entrenan todos prácticamente igual, pero luego, en la realidad, los récords del mundo en maratón y en las demás distancias solo los consiguen unos pocos privilegiados. Los maratonianos de elite cuyas mejores marcas rondan el 2:13 o el 2:15, por ejemplo, por mucho que entrenen exactamente igual (o incluso más) que los pocos que son capaces de bajar de 2:05, difícilmente (por no decir nunca) van a conseguir acercarse a esos tiempos estratosféricos.
Si miramos en el ciclismo también pasa lo mismo. Los corredores que, como mucho, terminan entre los cinco primeros en el Tour de Francia, no entrenan menos que Chris Froome, y sin embargo, en circunstancias normales, nunca van a ganar el Tour.
Así pues, hemos de ser realistas con nuestras capacidades físicas para correr un maratón. Si somos corredores habituales, y más o menos entrenados, y en un 10k nos cuesta un mundo acercarnos siquiera a una marca de 50 minutos (o sea, correr a 5:00 min/km), no podemos esperar hacer un maratón en 3:30 horas (o sea, a 5 min/km). Por lo tanto, si elegimos un plan para hacer el maratón en 3:30, lo más normal es que tengamos problemas para seguir todo el plan sin sobrecargas (o incluso lesiones) o sin generarnos una fatiga que al final nos impida completar las últimas semanas del plan. Por tanto, lo más normal será que en el maratón suframos más de la cuenta si nos empeñamos en seguir el ritmo y al final nos caerá una minutada en los últimos kilómetros.
Porque los planes de entrenamiento, cuanto más ambiciosos son en cuanto a la marca a conseguir, más kilómetros y días de entrenamiento incluyen, y más tiradas largas (de 30km o más) programan.
En un libro de entrenamiento para maratón leí que cada persona tiene un límite de kilómetros semanales que puede hacer sin lesionarse. En los corredores profesionales ese límite será de 200, 250 o incluso más, según la persona. En los corredores populares el límite semanal soportable en muchos casos no se acerca ni de lejos a los 100 km, o incluso a los 80 km o menos.
Así que, si queremos preparar un maratón, lo primero que tenemos que saber, más o menos, es cuál es nuestra capacidad. Y eso solo lo podemos saber con la experiencia que tengamos en carreras de otras distancias y en los datos de ritmos, pulsaciones y sensaciones que nos dan estas carreras y los entrenamientos.
Una vez que tenemos claro cuál sería un objetivo realista en el maratón, habría que elaborar un plan personalizado que se adapte a nosotros. De nada nos sirve un plan en el que hay que correr cinco días a la semana, si por nuestra situación laboral y familiar no podemos correr más que cuatro días, como mucho, a la semana. Y también hay que analizar cuántas tiradas largas de las largas (más de 26 o 27 km) podemos aguantar sin generarnos una fatiga que nos reste en vez de que nos sume. Muchos planes, sobre todo los de sub 3:30 y menos, incluyen cuatro o cinco tiradas de 30 o 32 kilómetros en domingos consecutivos. Pero eso para muchas personas puede ser excesivo y les hará llegar fatigados al maratón. Para estas personas sería mejor hacer tres tiradas no tan largas y en tres domingos no consecutivos intercalando entre medio tiradas de 22 o 23 kilómetros, por ejemplo.
Otro punto que habría que tener en cuenta es qué maratón vamos a elegir para nuestro debut en la distancia. Si no estamos acostumbrados a correr en terreno ondulado y con cuestas, sería mejor debutar en un maratón llano (como Valencia, San Sebastián o Laredo, por ejemplo) que no en Madrid, que es bastante duro.
Y también hay que elegir bien la mejor fecha para nosotros a la hora de correr nuestro primer maratón. Si en agosto tenemos previsto un viaje con la familia en el que sabemos que vamos a tener difícil entrenar, no sería una buena idea elegir el Maratón de Berlín, que se corre en septiembre. Sin embargo, este maratón sería una buena elección para alguien que en vacaciones puede entrenar más que en otros meses, ya que Berlín, además de ser llano, tiene la ventaja de que es uno de los Majors, tiene muy buen ambiente de público, y por lo tanto la motivación para correrlo va a ser muy alta.
Por lo tanto, y resumiendo, antes de lanzarnos a por nuestro primer maratón debemos tener una experiencia previa en otras distancias y tenemos que ser realistas en cuanto a nuestro objetivo en la carrera. Luego tendremos que elaborar (o pedir ayuda a alguien que sepa para que nos lo haga) un plan realista para nuestras posibilidades. Por último, tendremos que tener la cabeza fría para no ser impulsivos y cargarnos el trabajo por querer ir demasiado rápido demasiado pronto, tanto en los entrenamientos como en la carrera. Y no olvidemos nunca que en el primer maratón, el objetivo principal de un corredor popular debe ser el acabar la carrera con buenas sensaciones, aunque sea un poco más lento de lo que habíamos pensado. Si no es así, además de sufrir mucho ese día, nos va a quedar muy mal sabor de boca.

martes, 7 de noviembre de 2017

¿Listo para otros dos maratones?

Pues no lo sé, pero lo sabré en pocas semanas. Con mi última tirada de 20 km de este pasado domingo, termino el ciclo que me planteé para preparar el Maratón de Valencia del 19 de noviembre, maratón que, a su vez, formará parte del entrenamiento para el Maratón de Lanzarote del 9 de diciembre. Han sido 10 semanas desde la última de agosto, más las dos de tapering que me restan (y luego otras tres hasta Lanzarote).

Mural en la ciudad de Maratón (Grecia), cerca de donde empieza el Maratón de Atenas.

Tras el parón que hice en verano para descansar bien de mis citas en Madrid, Lieja y el Ultra de Zermatt, a finales de agosto empecé un nuevo ciclo de entrenamientos con la idea de acumular kilómetros, pero sin acumular demasiada fatiga. Ni en Valencia ni en Lanzarote tengo intención de buscar ninguna marca. Con acabarlos me vale. Si pueden ser ambos por debajo de las 4 horas fenómeno, pero sin ninguna presión. En Valencia, además, la idea es acompañar a varios compañeros Beer Runners Bilbao para lograr, entre todos, ese sub 4.
En cuanto a los entrenamientos más o menos todo ha ido según lo previsto hasta estos últimos días, en los que me he encontrado más cansado de lo normal y he cogido algo de peso. Además, un brote de mi artritis me ha tenido unos días con dolores en la zona sacra y en los muslos a la altura de los trocánteres. Los dolores parece que ya han pasado, pero lo del cansancio ha resultado ser fruto de una Urea alta en sangre, algo que ya me pasó también el año pasado tras el Maratón de Berlín.
La solución es sencilla: descansar, aprovechando las dos semanas de tapering previstas hasta Valencia, y beber mucha agua, mucha más de la que bebo habitualmente. El beber poco es lo que hace que los riñones no trabajen bien y de ahí la subida de Urea en la sangre, lo que provoca fatiga. Así que estos días no paro de beber (y de ir al baño, je, je).
Os dejo aquí un resumen con los números de lo que he entrenado estos últimos meses:

Kilómetros por mes:

Julio: 131 km
Agosto: 116 km
Septiembre: 243 km
Octubre: 261 km (el tercer mes que más km he corrido en mi vida)
Noviembre (hasta hoy): 49 km

Kilómetros por semana de las diez últimas semanas empezando por la última:

50 km
70 km
72 km
50 km
48 km
58 km
58 km
55 km
67 km
53 km

Tiradas de más de 20 km desde agosto: dos de 20, una de 21, una de 22, una de 26 y una de 30. Además del Medio Maratón Zubiri – Pamplona en 1:41, y de una carrera de montaña dura de 27 km.

Comentario: Seguro que a muchos os ha llamado la atención que el plan para Valencia sea de solo 12 semanas y con solo dos tiradas largas de verdad (26 y 30 km). Como nos comentó Chema Martínez cuando vino a entrenar a Bilbao por un evento, para un corredor habitual una preparación de 8 o 10 semanas para un maratón es suficiente, porque más puede conducir a una fatiga como la de haber corrido el maratón antes del maratón.
Aunque es cierto que he hecho menos tiradas largas que lo que hago habitualmente, en cuanto a kilometraje total de los dos meses previos ha sido alto para mí. Creo que, por lo menos para mí, es mejor aumentar el kilometraje semanal distribuyéndolo en varios días de rodajes a diferentes ritmos (rodajes lentos de regeneración y series rápidas) que hacer un porcentaje importante de kilómetros semanales en una tirada larguísima del domingo. También creo que da más fondo hacer un entreno de ritmo medio de unos 15 km el sábado y una tirada a ritmo más tranquilo de unos 23-25 kms el domingo, que no basarlo todo en una de 30 o más el domingo. Y además, así reduces el riesgo de lesiones y de fatiga. Pero eso cada cual debe valorar qué le viene mejor.

En fin. Que ya veremos cómo me va en las dos últimas citas del año. Os contaré.

martes, 24 de octubre de 2017

II Medio Maratón Zubiri Pamplona

El domingo se disputó la 2ª edición del Medio Maratón Zubiri Pamplona. Como el año pasado participé en la 1ª edición y me gustó mucho, pues este año he repetido. La novedad ha sido que mientras el año pasado se disputó un sábado este año ha sido el domingo. Mejor.
Cara de satisfacción llegando a la meta.

Fui a Pamplona el sábado con mi mujer y así pasábamos el fin de semana en la bonita capital navarra. La única pega que le veo a esta carrera es tener que ir hasta un centro comercial a las afueras de Pamplona para recoger el dorsal y la camiseta, todo lo demás es perfecto: te llevan por la mañana en autobús hasta Zubiri; tienes allí un servicio de recogida de la mochila que te la llevan a la meta; junto al lugar de entrega de la mochila nos dejan un frontón para cambiarnos sin quedarnos frío y poder usar allí los baños. Luego en la meta te dan la medalla y una bolsa con algo de comer y productos de Navarra, además de un vale para tomar un bocadillito de txistorra y una cerveza; las duchas están en un lugar nuevo, amplio y limpio; y la entrega de las mochilas este año fue inmediata. En fin. Una carrera muy recomendable.
El recorrido es muy agradecido, ya que es en terreno descendente casi todo el rato hasta el último kilómetro, donde se entra en la ciudad por la Cuesta de Santo Domingo (inicio de los encierros de San Fermín). Una entrada muy bonita y con mucho público, pero que se puede atragantar a más de uno si llegas al límite.
Este año me acompañó un compañero Beer Runner Bilbao, Juanmi, que no sabía que iba a participar. Fuimos juntos en el autobús, aunque en la carrera él fue algo más rápido que yo, por lo que nos vimos en la meta tras terminar.
Este año he llegado en mucha mejor forma que el año pasado, ya que me pilla en la última fase de la preparación para el Maratón de Valencia, así que me tomé la carrera como un test y salí con la intención de ir rápido.
Desde el primer kilómetro puse un ritmo algo alto pero soportable, controlando las pulsaciones en torno a mi umbral todo el rato.
Como os he comentado en anteriores entradas, estoy corriendo ahora con el potenciómetro Stryd, así que además de mirar el pulso también iba pendiente de la potencia. De todas formas, aún estoy en la fase de recopilación de datos, por lo que en la carrera me fui guiando más por el pulso que por los vatios.
Hacia el km 11 apreté un poco más, dejando que el pulso subiera algo, pero no demasiado. Iba a un ritmo fuerte para mí (en torno a 4:45 todo el rato) pero más o menos lo aguantaba bien. El único problema era que notaba una tirantez en el muslo derecho, donde tuve una de las contracturas en el trail Gorbeia Suzien, y me daba miedo tener un tirón. Por suerte no pasó a mayores y no tuve problemas, ni siquiera en la última subida, donde bastante tuve con aguantar.
En meta marqué un tiempo neto de 1:40:37, a 4:49 de media. Muy satisfecho. Hay que decir que el circuito no está homologado y de hecho la organización ya avisa de que la distancia es aproximadamente de medio maratón. A mí me salieron 20,8 km, que creo que es una medida exacta ya que el Stryd lo mide de forma independiente del GPS y ha demostrado ser muy exacto. Es curioso que este año no nos hicieron dar la pequeña vuelta al inicio en Zubiri como el año pasado. Yo creo que con esa vuelta ya serían los 21,1 de medio maratón.
De todas formas, como el último km es tan duro, el tiempo que hagas aquí es equiparable al de un medio maratón, pese al recorte de metros.
En resumen, una carrera preciosa y muy recomendable, y un test muy bueno para mí de cara a los maratones de Valencia y Lanzarote que son las dos únicas carreras que me quedan ya este año.

Con Juanmi, antes de salir, en el puente romano de Zubiri, que da nombre al pueblo (zubi es puente en euskera).



Y tras la carrera. Juanmi hizo su mejor marca en Medio Maratón.

viernes, 20 de octubre de 2017

Más allá del km 30

En las próximas semanas muchos de vosotros correréis por primera vez un maratón. Algunos en Valencia, otros en Nueva York o en San Sebastián o en cualquier otro lugar del mundo.

Entrando, feliz, en meta en el Maratón de Rotterdam en 2014.

La primera vez que corres un maratón es un día muy especial. Tanto que, una vez logrado, sientes envidia de los que lo van a hacer por primera vez, ya que, por muy emocionante que sea siempre cruzar la meta tras correr 42,195 km, nunca vas a volver a sentir la misma emoción ni la misma alegría que cuando lo hiciste por primera vez.
Todos los que estáis ahora culminando vuestras semanas de preparación para el gran día tenéis muchas cosas en común. Da lo mismo que vuestro objetivo sea solo terminar la carrera o bajar de 3 horas. Entre estas cosas que os unen están los miedos, los temores, las dudas y las ansiedades que os provocan (que nos provocan) los 42,2 kilómetros. Bueno, no exactamente los 42,2 km sino los últimos 10 o 12 kilómetros de la carrera.
Durante estas semanas de entrenamiento enfocado a la culminación de la aventura (porque un maratón es siempre una aventura), casi todos habréis alcanzado en vuestras tiradas largas el km 30, o incluso habréis atravesado un poco esa barrera psicológica del km 30.
Pero cuando no has corrido nunca un maratón, siempre nos queda la duda de saber qué hay más allá del km 30, cómo reaccionará nuestro cuerpo a partir de ese punto, qué sensaciones tendremos, si sabremos vencer el cansancio y la fatiga, si seremos capaces de seguir. Y como correr un maratón es tan duro, hasta el día de la carrera no lograremos tener las respuestas a tantas preguntas que la distancia nos plantea.
Las preguntas que nos suelen hacer los que preparan por primera vez la distancia a los que tenemos ya cierta experiencia normalmente giran en torno a esa última parte de la carrera, que es terra ignota para ellos, pero tierra explorada para nosotros.
Pero por mucho que yo expliqué a alguien lo que pasa a partir del km 30 (o del 32, o del 35) es algo que hasta que esa persona no llega a vivirlo por sí misma no podrá saberlo. Es como otras muchas facetas de la vida. Hasta que no vives con alguien no vas a saber lo que es la convivencia; hasta que no te enamoras no vas a saber lo que es el amor; hasta que no tienes sexo con alguien no vas a saber lo que se siente;…
El aprendizaje a través de las propias experiencias es parte de la vida, y el maratón, como se ha dicho muchas veces, es en cierta forma como la vida misma, con sus buenos momentos y sus malos momentos, con la preparación para afrontarlo, con la alegría de conseguirlo o con la decepción de tener que rendirnos.

Pero, ¿puedo explicar lo que yo siento más allá del km 30? Lo intentaré.
En el último capítulo de la película “2001. Una odisea del espacio”, David Bowman traspasa la Puerta de las estrellas y entra en una nueva dimensión bajo el título de “Más allá del infinito”. ¿Y qué hay más allá? Pues algo tan inexplicable que ni siquiera David Bowman lo entiende hasta que se transforma en un nuevo ser al final de la película (y ni aún en ese instante le queda claro, como deduces al leer el libro de Arthur C. Clarke –por cierto, uno de mis libros favoritos-).
Algo parecido nos pasa en un maratón. A medida que vamos avanzando hacia la meta descubrimos lo que hay más allá de esa barrera que separa nuestro mundo conocido y confortable de ese nuevo mundo de sufrimiento, gozo, dolor y euforia que no llegamos a comprender en su totalidad hasta después de pasar la ansiada línea de meta. Incluso esta nueva dimensión nos muestra aún su nueva cara varios días o semanas después en forma de dolores y de fatiga nunca antes experimentado por nosotros.
En primer lugar quiero transmitir tranquilidad a los nuevos. Entrenando nunca vamos a saber qué hay más allá, ni falta que nos hace. Salvo para gente muy experimentada y preparada, el dolor del maratón solo hay que sufrirlo el día del maratón, no en el camino que nos conduce a él.
Los entrenamientos son los ladrillos que vamos colocando en su sitio para construir el edificio que nos dará cobijo el día de la carrera, y no hay que intentar meterse en el edificio hasta que no esté concluido con un buen tejado. Efectivamente, muchos experimentamos días en los que las tiradas largas las estamos haciendo tan bien que nos entran ganas de seguir para ver qué hay más allá, incluso corriendo los 42 km en algunos casos.
Pero no merece la pena hacerlo, ya que aún no estamos preparados para ello y es un poco absurdo correr un maratón para preparar nuestro primer maratón. Tenemos que hacerlo bien el día D y no sufrir las consecuencias de querer saltarnos pasos en la edificación de nuestro cuerpo para ese día.
Además, el día del maratón tendremos muchos aspectos a nuestro favor para hacerlo mucho mejor que en los entrenamientos. Primero, porque si hemos hecho bien los deberes, vamos a llegar a la carrera en plena forma y descansados, mucho mejor que en el mejor de los entrenos que hayamos hecho. Y segundo, porque todo lo que rodea la carrera, el ambiente, el público, los compañeros, los avituallamientos, etc., nos va a ayudar a tener una motivación como nunca la hayamos sentido antes. Y eso será el empujón definitivo para concluir con éxito la aventura del maratón y disfrutar de todo lo nuevo que vamos a experimentar en esos últimos 10 o 12 kilómetros de la carrera.
Allí, en esa última cuarta parte del recorrido nos encontraremos con una fatiga que nunca antes hemos tenido, con dolores y molestias nuevas para nosotros, con sensaciones de hambre o de vacío felizmente ignoradas hasta entonces. Los malos pensamientos empezarán a adueñarse de nuestra moral y empezaremos a tener dudas de si podremos aguantar 30, 40 o 50 minutos más la agonía.
Todo eso, y mucho más, nos acecha en cualquier recodo de la parte final del maratón. Además, no es algo que lo ves venir. No. Será algo repentino. Estás corriendo bien y de pronto no puedes más, o te surge un dolor insoportable, o te quedas vacío como si alguien hubiera apretado el interruptor de apagado.
Sí. Esto pasa de esta manera y conviene saberlo para tener previsto cómo lo vas a afrontar, cómo lo vas a superar. Porque lo vas a superar, casi con toda seguridad. Bueno, no con toda seguridad, pero lo normal es que lo superes, como la mayoría de los que llegan hasta ese punto.
Pero no todo será malo. Más allá del km 30 también nos vamos a encontrar con cosas muy buenas.
En primer lugar nos vamos a encontrar con nosotros mismos. Mientras todo va bien es fácil seguir adelante. Pero en la parte final del maratón las cosas ya no marchan tan bien. Estamos cansados, aún nos queda mucho para terminar y el cuerpo nos suplica piedad. Y ahí, justo ahí, nos conoceremos de verdad. Sabremos si somos personas fuertes capaces de seguir luchando en los peores momentos, si nos merecemos acabar un maratón, si nos merecemos ser maratonianos.
Y no solo nos vamos a encontrar con nosotros, sino que también nos vamos a encontrar con la cara amable de la gente. Ahora corremos junto a desconocidos con los que solo nos une el hecho de estar allí, compartiendo el dolor y el sufrimiento. Y en esos momentos las personas nos ayudamos los unos a los otros. Da lo mismo lo diferentes que seamos o que hablemos o no el mismo idioma. En esos kilómetros finales una mirada basta para decirnos todo lo que pensamos, porque todos pensamos lo mismo.
Y por último, en los metros finales, cuando ya vemos la meta, nos encontraremos con la felicidad absoluta, con la satisfacción de haberlo conseguido, con la euforia del mágico instante de cruzar esa meta y de recibir una medalla. Ese efímero instante merece todo lo que hayamos vivido hasta entonces, los entrenamientos, el sufrimiento, el sacrificio.
Pero ya termino. Todo esto lo vais a vivir vosotros, todos los que preparáis un maratón, en pocas semanas. Y espero que me lo contéis con una sonrisa tonta en la cara.

viernes, 13 de octubre de 2017

Gorbeia Suzien 2017: barro, rocas y cuestas

El pasado sábado participé en la durísima carrera de trail “Gorbeia Suzien”. Sus datos lo dicen todo: casi 32 km con 2.400 metros de desnivel. Como me dijo Javi, un compañero Beer Runner que corrió conmigo y con Mario, haciendo un cálculo somero salen 16 km subiendo y 16 km bajando, y como hay que subir más de 2.400 metros (los mismo que hay que bajar) en 16 km, el cálculo sale que la pendiente media de subida es de un 15% de media. Teniendo en cuenta que la subida al Tourmalet es de 18,5 km a una media del 7,5%, pues me quedó bien clarito que esta carrera iba a ser mucho más dura de lo que había pensado ingenuamente al apuntarme al sorteo de dorsales.
En la Cruz de mi montaña favorita.

Y es que la Gorbeia Suzien es una de las grandes carreras de montaña del calendario y hay mucha gente que quiere participar. Forma parte de las “Skyrunner National Series” y este año era Campeonato Europeo de las Skyrunning. Pero el monte Gorbeia y el Parque Natural que lo rodea es un entorno protegido privilegiado que tenemos en Euskadi, y hay que cuidarlo, por lo que el número de plazas para correr aquí está limitado. Así que para participar hay un sorteo.
El caso es que me apunté al sorteo y me tocó un dorsal. En principio no tenía previsto hacer una carrera de monte tan dura en esta época del año, ya que tengo el Maratón de Valencia a la vuelta de la esquina. Pero el Gorbeia siempre ha sido mi montaña favorita y me hacía ilusión correr esta carrera, por lo que en septiembre hice cuatro entrenamientos por monte. Sí, ya lo sé. Muy pocos.
Así que allí estaba yo el sábado por la tarde, con Javi y con Mario en Zeanuri tomando una cerveza tras recoger el dorsal. Y fue entonces cuando Javi me puso los números de la carrera sobre la mesa y me dio también el dato de que Agus, otro compañero que es de los buenos en esto del trail, el año anterior había tardado unas 5 horas y media en acabar la carrera (hay 6:30 horas máximo). Y además, está la espada de Damocles de tener que pasar por el control de la Cruz del Gorbeia en menos de 3 horas, que parece mucho tiempo para hacer 13,5 km, pero teniendo en cuenta el terreno y el desnivel hasta allí (la mayor parte del total a sumar en la carrera) se me antojaba difícil.
Bueno. Tan tranquilo que estaba yo en mi ignorancia pensando que iba a tardar unas 5 horas en completar el recorrido. ¡Ay! ¡Qué ingenuo!
Rápidamente mi cabeza empezó a pensar en el plan B por si acaso no pasaba el corte en la Cruz. Por suerte, desde allí el recorrido hace un bucle de bajada y fuerte subida hasta el Aldamin para llegar al collado que separa el Aldamin del Gorbeia. Así que, en caso de necesidad, desde la Cruz podía bajar al collado (ya fuera de carrera) y unirme de nuevo al recorrido acortando 4 km y con una fuerte subida menos en las piernas. Pero bueno, ése era el Plan B, pero iba a luchar por el Plan A, o sea, terminar la carrera en menos de 6:30 horas pasando por la Cruz en el tiempo.

A por la Cruz
Tras un buen madrugón para poder aparcar en Zeanuri, tomamos la salida a las 9 en punto con ilusión y con miedo. Por suerte hacía un día muy bueno, así que no íbamos a tener que luchar contra la lluvia y el frío.
En la salida. Listos para sufrir.

Tras un primer km por asfalto para salir del pueblo, enseguida corríamos (y andábamos) monte arriba. Desde ahí hasta las inmediaciones del Lekanda (km 8) era todo cuesta arriba, con tramos con fuerte pendiente. Además, en los primeros kilómetros había ya muchas zonas con muchísimo barro acumulado, tanto que a veces se formaban atascos de varios minutos entre los que íbamos detrás para poder pasar. Tanto barro hace que avances mucho más lento que lo normal, y a veces ni avanzas, ya que los resbalones nos hacían descender cuesta abajo.
Subiendo como podía.

Javi y Mario un poco mejor que yo.

Por fin, tras 1:45 horas luchando con la pendiente y el barro llegué al km 7,5 bajo la peña Lekanda, para ir descendiendo por terreno más cómodo hacia Arraba, donde había un avituallamiento en el km 8,5. Me quedaba algo más de una hora para pasar el corte de la Cruz (km 13,5). Justito.
En Arraba me encontré con Almu, otra compañera de equipo que estaba viendo la carrera. Me dijo que Javi y Mario habían pasado por allí unos pocos minutos antes que yo. Ya lo sabía porque en la subida les vi en algún momento. Por lo que me dijo Almu, Mario ya iba metiendo presión a Javi porque se les echaba encima el tiempo de corte de la Cruz. Algo que yo ya lo veía también.
Tras un pequeño descanso y comer algo, corrí lo que pude por Arraba para ir subiendo hacia el cresterío de Arrabakoatxa, Aldabe, Artalarra y Gatzarrieta. Este cresterío mantiene más o menos la misma altitud, pero al ser un terreno muy rocoso, los que no tenemos técnica de correr por rocas debemos avanzar despacio para no rompernos la crisma, con lo que ahí perdí bastante tiempo.
Por fin dejé atrás las rocas y por una bajada muy pronunciada llegué al avituallamiento que había antes de comenzar la durísima subida hacia la Cruz. Llevaba 11,5 km en 2:30 horas, y solo tenía media hora para subir 2 km y salvar 450 metros de desnivel. Imposible para mí, ya que con ese desnivel sé que por los menos tardo unos 20 minutos por km.
Pero, en fin, decidí luchar hasta arriba, aunque veía que era inútil y además tampoco tenía mis mejores sensaciones. Esta cuesta no te da ni un respiro, y además no ves la Cruz hasta que casi estás en ella.
Cuando llegué llevaba 3 horas y 12 minutos. Fuera de control. Bien. Ahora empezaba el Plan B. Aproveché para descansar un momento, comer algo y hacer un par de fotos en este rincón de Euskadi que tanto significa para mí.


Por cierto, Javi y Mario, a los que había visto por última vez subiendo hacia Lekanda donde me llevaban unos pocos minutos de ventaja, pasaron el corte por segundos. Luego, al ver la clasificación final, he comprobado que los últimos clasificados que aparecen en la lista pasaron el corte de la Cruz en casi 3:09, así que yo me quedé fuera por muy poco. No sé si tomármelo a mal o alegrarme.
La sensación que tenía en la Cruz era de alivio, por una parte, por no tener que sufrir en la subida a Aldamin, y de una cierta pesadumbre por no poder terminar la carrera. Es la primera vez que no termino una carrera pedestre. En mi historial ciclista tengo algunos abandonos, pero pocos. No es algo que le guste a ningún deportista. Además, no dejaba de pensar en Agus y otros compañeros que se dedican casi en exclusiva al trail y que se quedaron sin dorsal. Me daba la sensación de haberles quitado el puesto para nada.

Bajada muy dura
Ya recuperado, empecé a bajar hacia el collado para unirme de nuevo al recorrido y seguirlo hasta la meta. Lo que no esperaba era que los 14 km que aún me quedaban iban a ser tan duros, ya que tardé casi tres horas más en llegar a Zeanuri por la cantidad de barro que había en muchos tramos. Casi en ningún momento pude correr a gusto. Además, tuve dos caídas y varios tirones en las piernas, ya que al haber tanto barro la exigencia a nivel muscular era muy grande para el poco entrenamiento que llevaba de correr por montaña.
Por fin llegué a la meta con 27 km en poco más de 6 horas y con 1.900 metros de desnivel acumulados. Una paliza incluso con el “atajo” que hice al recorrido original.
Poco después de llegar yo a Zeanuri terminó Javi su carrera. Mario tuvo que retirarse tras pasar Aldamin por problemas de estómago que le hicieron vomitar. Un día duro para él.
En fin. Que salvo que haya podido entrenar mucho por monte, no creo que participe en carreras de montaña tan exigentes y técnicas como ésta. Y mientras siga teniendo como grandes objetivos de cada temporada correr varios maratones de asfalto, mi actividad de trail será residual. Seguiré haciéndolo, claro, ya que me gusta mucho, pero en entrenamientos o carreras de dificultad media, sin tanta subida dura y tanto recorrido técnico. (Bueno, mientras escribo esto me doy cuenta de que uno de mis objetivos ya casi decidido para el año que viene será el Maratón del Stelvio, que son 42,2 km con 2.350 metros de desnivel, así que mejor no digo nada más, je, je).
Bajada del Aldamin.

Por Arraba.

Arraba. Al fondo Lekanda.




Aritz Egea. Ganador con un tiempo de 3:02:55. Cuando él había terminado yo aún no había llegada a la Cruz. ¡Qué nivel, Maribel!

Podio femenino, con Ingrid Mutter, Celia Chirón y Sheila Avilés.

Los tres en la meta. Tocaba la ducha y comer algo.


Detalle del barro en la pierna de Javi.
Y los datos de mi Strava: